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miércoles, 24 de mayo de 2017

Canción del pirata


Se cumplen 150 años de la muerte dela escritor José de Esproceda, poR lo que no hay mejor manera de recordarle que con sus versos más famosos.

Nacido en Almendralejo ( Badajoz) en 1808, fue un activo revolucionario, exiliado por sus ideas intelectuales.  Hombre de mundo, en su exilio visitó Portugal e Inglaterra y  participó en la revolución parisina de 1830. Regresó a España bajo la amnistía del rey Fernando VII donde dedicó su vida al periodismo y a la política, llegando a ser parlamentario ante las cortes generales con el partido progresista. Murió joven a los 34 años por diferia en 1842. Vivió con intensidad y pasión una vida corta pero con logros en su haber, desafío el sistema establecido sin acobardarse. Tal vez por su alma de pirata y su deseo de libertad nos dejó unos de los versos más bellos de la literatura española.





Con diez cañones por banda,
viento en popa a toda vela,
no corta el mar, sino vuela,
un velero bergantín;
bajel pirata que llaman
por su bravura el Temido
en todo el mar conocido
del uno al otro confín.
La luna en el mar riela,
en la lona gime el viento
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y ve el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
Y allá a su frente Estambul:
-Navega, velero mío,
  sin temor
que ni enemigo navío,
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.
Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad;
mi ley, la fuerza y el viento;
mi única patria, la mar.
Allá muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra,
que yo tengo aquí por mío
cuanto abarca el mar bravío
a quien nadie impuso leyes.
Y no hay playa
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pecho
a mi valor
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad;
mi ley, la fuerza y el viento;
mi única patria, la mar.
A la voz de ¡barco viene!,
es de ver
cómo vira y se previene
a todo trapo a escapar:
que yo soy el rey del mar
y mi furia es de temer.
En las presas
yo divido
lo cogido
por igual:
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad;
mi ley, la fuerza y el viento;
mi única patria, la mar.
¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río:
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena
colgaré de alguna antena
quizá en su propio navío.
Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di
cuando el yugo
del esclavo
como un bravo sacudí.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad;
mi ley, la fuerza y el viento;
mi única patria, la mar.
Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.
Y del trueno
al son violento,
y del viento,
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado
por el mar.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad;
mi ley, la fuerza y el viento;
mi única patria, la mar.




lunes, 20 de febrero de 2017

arte al servicio de la revolución francesa


A mediados del siglo XVIII a raíz de la ilustración surge un importante cambio en el mundo del pensamiento. Además de un impulso a la estimulación científica o el proceso industrial, encontramos con la ilustración un impulso para mejorar el bienestar humano. Los cambios sociales debidos a esta filosofía nos ofrece, contrastes entre la virtud romana y los usos que la monarquía hacía de ésta. Con un pueblo cada vez más descontento y encontrándonos, epidemias y hambrunas y una burguesía dispuesta a derribar la sociedad estamental, frente a una aristocracia privilegiada, nos hallamos ante las puertas de la revolución francesa, artistas como David, pondrán su talento a disposición del movimiento revolucionario.



El neoclasicismo de la Francia revolucionaria, tiene su apogeo en David, con sus obras, David construirá una iconografía para servir al movimiento revolucionario, como bien hemos dicho anteriormente, haciendo obras comprensibles. Con puestas de escenas claras, donde el dibujo y la línea prevalecerán por encima del color. Sus obras estarán cargadas de intelectualidad.
Como una de sus primeras grandes obras encontraríamos el juramento de los horacios, sabiendo hacer buen uso de la iconografía, recurriendo a las virtudes romanas clásicas, como la heroicidad y la pasión. En esta obra los horacios se preparan para salir a combatir contra los Curlaceos, en representación de su pueblo, a pesar de guardar parentesco con ellos. Podríamos decir que esta obra es toda una predicción de lo que iba a acontecer en las calles de París tras el estadillo de la revolución, donde compatriotas se enfrentarían, pero en donde lo único que importaba era la causa final de la misma, dispuestos incluso a morir por ello. Tal y como Rousseau, aludiendo a los juramentos militares romanos, expondría en el contrato social, el interés público estaría por encima del privilegio individual. Con esta obra además se encontraba legitimidad al movimiento revolucionario, recurriendo a la grandeza de la antigua Roma.




David estará muy involucrado con la revolución, incluso a partir de 1793 será el organizador de los festejos, además de legar su arte será historiador de la misma, llegando incluso a moldear la misma para los intereses de la revolución. Como ejemplo de ello encontramos el retrato de Marat, médico, periodista y diputado jacobino, asesinado en su propia bañera. David hizo el retrato de Marat en su último suspiro, lejos de encontrar una obra grotesca que más se podría acercar a la realidad de la escena del crimen, David dibuja en su bañera con cambios significativos, cambiando objetos del escenario y mostrando un Marat más joven esbozando una sonrisa dulce, todo ello en busca de la grandeza del personaje.





El artista al servicio del nuevo héroe 

Tras meses encarcelado durante el gobierno de Robespierre, David será liberado y recuperará su posición con el ascenso de Napoleón, haciendo obras para el emperador como la coronación del emperador y la emperatriz, alejado de sus antiguos ideales, pero recuperando la tradición anterior y que servirá de modelo en posteriores obras durante el nuevo régimen. En la obra se percibe una nueva sociedad donde se percibe la nueva élite, así como la ceremonia que bien recuerda a las de reyes del pasado. Con la aparición de Napoleón, el protagonismo colectivo de la revolución deja paso a un único héroe moderno.



 Tal vez el cambio en el estilo de David no gustara a todos, pero tras una década de inestabilidad en Francia y los consiguientes gobiernos del terror, el movimiento revolucionario perdió fuerza.
Al servicio de la glorificación del héroe Napoleón, además de David, se puso a su servicio Jean-Antoine Gros, destacando obras que contaban las hazañas del héroe con obras como Los apestados de Jaffa, donde el emperador visita a los enfermos o Napoleón en el campo de batalla de Eylau, donde el emperador confortaba a los heridos y prisioneros. De esta manera se muestra una imagen del emperador completamente alejada de la monarquía anterior, sin descender de reyes pero con carácter divino, como muestra en la obra de los apestados de Gaffa, donde se le proyecta poder para curar a los apestados, percibimos empatía por sus súbditos a diferencia de la monarquía apática anterior, recordando una cita que se le atribuye a la reina María Antonieta con referencia a la hambruna que sufría el pueblo francés “si no tienen pan que coman pasteles”



Napoleón en el campo de batalla de Eylau nos muestra una realidad más explícita sobre las campañas, con un primer plano de heridos y cadáveres, poco a poco algunos pintores románticos descentralizarán la figura del emperador. Gericault expuso en 1812 un retrato de un oficial de la guardia imperial desenvuelto y orgulloso que tuvo gran éxito, en 1814 hizo lo propio con un coracero herido retirándose del campo de batalla, en las obras se apreciaba el declive del imperio y la crueldad de la guerra. Gericault no estuvo en la guerra, pero recogió testimonios de soldados que volvían del frente para elaborar sus obras, de esta manera los soldados dejaron de ser vistos como héroes, sino como víctimas que volvían marcadas del campo de batalla. De esta manera encontramos una gran diferencia con respecto a las obras de David durante la revolución donde no se plasmó la crudeza de una revolución donde la guillotina tenía un gran protagonismo.


Arte contra el imperio napoleónico 


Goya plasmó esa crudeza en sus obras del levantamiento del 2 de Mayo y 3 de Mayo de 1808, pintados en 1814, tal vez para congraciarse con Fernando VII a su regreso a España. Para ponernos en contexto, el 2 de mayo, un gran número de ciudadanos se levantaron en Madrid contra la ocupación francesa, resistiendo durante unas horas, los ocupantes franceses no duraron en usar toda su fuerza, produciéndose una masacre, a pesar de las víctimas españolas, el levantamiento se propagó por toda España, dejando varias plazas de resistencia. Goya plasmo en sus obras toda esa violencia, destacando el carácter espontaneo del levantamiento, con precisión geográfica del acontecimiento, mostrando el edificio de correos al fondo, en la obra del 3 de Mayo, con los fusilamientos, se muestra de manera más dramática lo sucedido, con los verdugos de espaldas dejando rostros anónimos sin mostrar, mientras disparan a las victimas alineadas en tres filas, los primeros ya fallecidos, los segundos a punto de recibir el disparo, mostrando el dramatismo en sus caras haciendo uso de las luces para ello t los últimos esperando su turno para ser ejecutados.
De esta manera Goya nos muestra las sombras del imperio, que David llenó en su día de luz y legitimidad.