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miércoles, 30 de julio de 2014

Crónica de una venganza

       Rinan, que acababa  de cumplir los doce años,  entró en su modesta morada, junto a su hermano pequeño, Temer. Abrieron la puerta despacio, como ladrones en la noche, parando ante el más mínimo crujido de la madera, y reanudado la apertura de la vivienda, una vez comprovaban que su padre no se había alertado. Rinan y su hermano habían pasado toda la tarde jugando a fútbol con un viejo balón de cuero junto a otros niños, jugaron hasta que la luz del sol les abandonó, por eso estaba entrando a hurtadillas en su propia casa, la diversión y exitación les hizo perder la noción del tiempo, y se había echo demasiado tarde. El niño esperaba la reprimenda de su padre tras la puerta, pero no fue así.

El pequeño Rinan se percató de una discusión que estaba aconteciendo en una de las habitaciones de la casa, entregó el balón de cuero a su hermano y se decidió a acercarse por ver lo que sucedía. Tenía claro que la voz era la de su padre, un hombre estricto en la educación de sus hijos, pero de buen corazón. El niño se encontró frente a una puerta entrecerrada, se decidió a contemplar la escena a través de una fina apertura.
—No quiero volver oír hablar de esas cosas, no bajo el techo de esta casa.
—!Eres un cobarde¡— Rían se dió cuenta que la otra persona era su hermano mayor, Hanin.

El padre respondió a la ofensa con una sonora bofetada sobre la mejilla de su hijo. Hanin, que ya había cumplido diecinueve años, miraba airado a su padre mientras frotaba su mejilla enrojecida.
—Nosotros no somos así Hanin, no quiero verte más con esa gente– el padre parecía proseguir en un tono más conciliador,— siempre he querido lo mejor para ti y para tus hermanos, que seáis hombres fuentes, bondadosos y buenos padres de vuestros hijos.
—¿Qué futuro tienen nuestros hijos cuando esas ratas los matan en las Calles?— replicó Hanin.
—Hamas no es la solución, no traerá la paz, sólo más muerte— el padre siguió resignado con la mirada baja— quiero a mi familia fuera de todo esto, por eso no quiero que vuelvas ha andar con esa gente

Hanin intentó replicar, pero el padre se dispuso a abandonar la habitación. Al abrir la puerta, el padre se encontró frente a frente con el curioso Rinan, el niño cerró los ojos esperando una reprimenda, en vez de ello recibió una caricia en el pelo. sin decir nada, el padre se marchó por el pasillo, con semblante pensante, encorvado, como si cargara un peso, que Rinan no podía ver ni entender, sobre sus hombros.

Al día siguiente, los niños se volvieron a reunir en la calle, los rostros de los pequeños se iluminaron al ver llegar a Rinan con su maltrecho balón de cuero en las manos. su hermano, Temer, no salió a jugar aquel día, se encontraba algo congestionado y su madre le impidió salir de casa. El juego empezó, todo iba bien, sería un día más, Rinan intentaba controlar el tiempo, pero sabía que de nuevo volvería tarde a su casa. Pero aquel día no regreso a casa, ninguno de los niños lo hizo, los bombardeos israelíes silenciaron las risas y la euforia de Rinan y sus amigos.

Temer contempló como su padre caía abatido al suelo, golpeando con rabia, gritando y maldiciendo. Hanin intentaba consolar a su madre. En medio de la humareda los lamentos de las mujeres sacudían el aire, a pesar de los gritos de dolor, el desolado paisaje estaba impregnado de una atmósfera de silencio.

La percepción del mundo de Tamir cambió por completo aquel día, no sólo había perdido a su hermano, sino también a la práctica totalidad de sus amigos. Israel le arrebató su niñez y quebró su fe.

Pasaron los años, el niño se hizo hombre en Tamir. A pesar del esfuerzo de su padre por llevarle por otro sendero diferente del de la venganza, él escogió seguir a su hermano Hanin. cargaba su arma mientras recordaba lo que un día le dijo su padre, que a pesar del dolor por la pérdida de su hijo, siguió con el mismo discurso pacifista: "esta guerra nunca acabará, todo el mundo obtendrá su venganza, pero por otro lado, los dos bandos siempre tendrán a alguien a quien vengar, así será como poco a poco nuestros hijos se ahogarán en ríos de sangre. Así fue durante muchos años, el terrorismo de Hamas acababa con unqs pocas vidas, Israel respondía con misiles sobre la población civil de Palestina, los israelitas tenían la creencia de que podrían matar a un grupo de moscas a cañonazos, sin importarles los daños colaterales

Frente a Tamir, tres jóvenes israelíes esperaban de rodillas la bala que les arrebataría la vida, en un inhóspito paraje, les disparó sabiendo ciertamente que algún día alguien vengaría a sus víctimas.





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