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lunes, 12 de mayo de 2014

El buen patriota I: El enemigo en casa.

La década de los años cincuenta empieza,  aunque la situación mundial es más desconcertante que nunca debido a la amenaza comunista tras la Segunda Guerra Mundial. En cuanto a nosotros, somos necesarios para preservar la seguridad nacional y protegernos de la amenaza soviética. Mi nombre es Wiston Johnson, a mi lado está mi compañero desce hace años Elver Woodrow, nos dirigimos en automóvil a una fábrica abandonada en un viejo barrio, nos preguntamos sobre la familia, el tiempo, y demás cosas rutinarias, nada más por que vamos a realizar nuestro trabajo y sabemos lo que ello conlleva



Entramos por una puerta trasera de la vieja fábrica. Pronto se empiezan a escuchar golpes y sollozos, enseguida veo a Peter Norris, un hombre con sobre peso, y a su compañero Tomas. Norris atizaba sudoroso a un prisionero en medio de aquella fábrica abandonada, el prisionero lleva una mezcla de sangre y suciedad en su torso, la sangre gotea de su labio mientras mira a su alrededor buscando una salida. Su nombre es James. L. Washowski, antiguo colaborador en el proyecto Manhattan, y sospechoso de haber filtrado información a los comunistas sobre los planos de la bomba atómica.

Recrimino a Norris que golpee la cabeza del muchacho, eso no le ayudará a pensar ni recordar. Norris  se sienta agotado como sí la paliza la hubiera recibido él. Cojo una silla, me siento delante de él y pido a mis compañeros que abandonen la sala para proseguir con el interrogatorio. Me enciendo un cigarrillo, mientras mis compañeros salen de la sala. Salen confiados, saben que haré bien mi trabajo, soy el mejor haciendo interrogatorios de la CIA. Ese interrogatorio era algo clandestino, lejos de la central, lo hacemos así por que la opinión popular no vería con buenos ojos lo que hacemos, simplemente lo hacemos por ellos, para que puedan seguir viviendo su sueño americano nos manchamos las manos de sangre. He interrogado a actores con tendencias demasiado izquierdistas, a ciudadanos denunciados por sus vecinos  y científicos que han colaborado en diversos proyectos. La verdad es que la amenaza comunista puede estar en cualquier parte, y no es fácil dar con ellos, por que saben que su destino final probablemente sean, el escarnio público, mediante juicios mediáticos y finalmente la silla eléctrica.

Un disparo precipita la entrada en la sala de mis compañeros, mi arma estaba humeante, mi mejilla dolorida, y el prisionero tendido en el suelo con una bala en la espalda. Woodrow baja el mano con el que tiendo el arma, con cara de espasmo me mira a los ojos. Les expliqué que el preso no estaba bien esposado, se abalanzó sobre mí, me golpeó e intentó escapar hasta que le alcancé con una bala. Miré con gesto acusador a Norris, el gordo se sentía mal y me pidió perdón.  Teníamos a alguien que estaba a punto de confesar algo, y por un maldito fallo humano, se nos fue. No se pueden tolerar estos errores, el enemigo puede estar en cualquier parte.

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